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Lloraba con las dos en brazos. Me sentía una “mala madre”.


Ser mamá de gemelas fue un antes y un después.

Su llegada fue un choque de realidad que no supe cómo manejar.


No podía descansar.

Me sentía saturada, estresada, confundida.


Muchos recuerdos se borraron… pero otros quedaron marcados.


En la madrugada, llorando con las dos en brazos, pidiéndoles que por favor se calmen.


No quería estar sola con ellas.

No comía.

Sentía que necesitaba ayuda… y eso me hacía sentir que estaba fallando.


Que no ser capaz de hacerlo sola era sinónimo de ser una “mala madre”.


Pero no. 

No era una mala madre.


Estaba atravesando una depresión posparto.


Y aunque tenía ayuda, lo que marcó la diferencia fue la contención profesional.

El darle tiempo al crecimiento de mis hijas.


Hoy miro a la que fui y me abrazo con ternura. Porque pasó. Porque pude.


A vos, que estás pasando por esto: pedí ayuda.

¡No estás sola!


Con amor, contención y tiempo: se sale.

Siempre se sale.



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